• Bildu: descalificar para tapar las carencias propias

    Bildu gobierna la Diputación con modos y maneras que, en ellos, en la izquierda abertzale, tampoco son tan “nuevos” como pretenden; ya los hemos conocido en los ayuntamientos en los que han desarrollando labor de gobierno o de oposición con su inconfundible estilo. Son cientos los alcaldes y concejales que podrían dar testimonio de ese estilo (salvemos la posibilidad de alguna excepción) de hacer política de la izquierda abertzale.

    Ante su incapacidad para llevar adelante una gestión que produzca resultados positivos visibles para la mayoría de la gente, la izquierda abertzale (independientemente de la marca de cada momento) suele refugiarse en dos estrategias. Por una parte, en recrear un discurso “alternativo”, que proyecte la impresión de que ellos son “otra cosa”, de que son más empáticos con los problemas de las personas, o del medio ambiente, o más comprometidos con la causa nacional “que los demás”. Es esta una estrategia, que por cierto, provoca efectos ópticos curiosos, algo así como ecos de oposición que surgen desde el propio gobierno. En los dos años de gobierno foral hemos visto ejemplos gráficos del ejercicio de este privilegio que, en este mundo, solo corresponde a la izquierda abertzale, a nadie más: ser una cosa y pretender ser su contraria sin que apenas nadie se atreva a poner en evidencia la insustancialidad de esa pretensión. Se me olvidaba el ejemplo: hemos visto a Garitano tras varias pancartas, también en aquellas contra los recortes que, sin embargo, Garitano aplica. ¿Que no aplica? Sí, sí aplica, que por algo ha cuadrado el Presupuesto 2013 cumpliendo los principios de equilibrio presupuestario de Rajoy. 

    Y, la segunda de las estrategias sistemáticas de la izquierda abertzale consiste en descalificar al adversario político. Dicho de otra forma: atacar al PNV. Alguien dijo en alguna ocasión que la izquierda abertzale parece sufrir un complejo de Edipo eterno, signo, por otra parte de una eterna pre-adolescencia política. Desde que Bildu gobierna en la plaza de Gipuzkoa hemos asistido a varios episodios del “calumnia, que algo queda” maquiavélico. Ante la incapacidad de construir un relato positivo como carta de presentación de su proyecto, se dedican a roer la reputación ajena, y lo hacen con tesón… que algo queda.

    Empezaron con los “desfases” de Bidegi, sugiriendo malversaciones donde solo había modificados de obras por razones técnicas. Han seguido acusando al PNV de “intereses ocultos” en el proyecto de la planta de valorización de basura, etc. Y en estas andaban cuando el 21 de octubre resulta que el PNV se les ha quedado en Gipuzkoa a… 640 votos. Evidentemente, no esperaban tal resultado ni en sus peores pronósticos y resulta evidente que les ha incrementado mucho su motivación para la descalificación; ya todo les vale. Los portavoces más reconocidos de la izquierda abertzale twittean sin cortarse lo que previamente publican en el Gara. Que en el actual contexto de crisis parece que suena mal… pues acusan al PNV de haber firmado “swaps”, así sin más explicación, sin decir que es una fórmula requerida por el BEI (Banco Público Europeo) para otorgar el crédito más importante en las condiciones más ventajosas que ha recibido nunca Gipuzkoa. Esa financiación que Bildu está empeñada en abortar. Que la gente les cuelga bolsas de basura en las ventanas, sacan una factura de una comida en Arzak con los responsables del BEI explotando la imagen de derrochadores que tenemos hoy los políticos en general (cuando, quienes le conocemos, sabemos de la austeridad y el rigor de Markel Olano en el desempeño de su cargo). Se les ocurre trastear en las facturas de Bidegi, a ver si dan con algo, y como no las encuentran –deben tener muy desordenada las oficinas de Bidegi- no dudan en remitir un burofax con muy malas formas y acusaciones implícitas al anterior Diputado General. Y por cierto, en castellano normalizado, ni rastro de euskara. El caso es que al día siguiente aparecen las facturas, y lejos de pedir disculpas, primero Ugarte y después el propio Garitano salen con que “si alguien tiene algo que ocultar, seguramente tiene razones para estar muy preocupado”. ¿Y quién tiene “algo que ocultar” y quién tiene “razones para estar preocupado”? No el PNV. No por lo menos más allá del hecho, bastante desagradable, de haberse convertido en objeto de la obsesión difamatoria de Bildu.

    La izquierda abertzale tiene dos problemas muy de fondo que condicionan de forma directa su forma de actuar: su negativa radical a la autocrítica del pasado político-militar y su inadaptación dogmática a los principios de la gestión pública eficaz. Ante ambas limitaciones pretende valerse de lo que Sortu llama “crisis sistémica” para aprovechar los resortes del populismo o, directamente, de la manipulación, intentando recrear un estado de ánimo colectivo que les posibilite el logro de esa hegemonía política que han visto muy amenazada en las pasadas elecciones.

    En realidad están dejando claro que se mueven en una cultura política basada en la imposición, en un esquema irreal centrado en una especie de egolatría política que les lleva a considerar a los demás mucho peores, más imperfectos y, por lo tanto, no merecedores del mínimo respeto necesario para entablar una relación democrática, aunque sea desde la discrepancia.

    Pero todos nos debemos respeto. Y el futuro de nuestro pueblo, lo necesita.

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