• La basura es un recurso, es energia

    Resulta realmente increíble que, en pleno siglo XXI, todavía haya gente que defienda que hay que enterrar la basura. Desde EAJ-PNV, siempre hemos considerado que una solución sostenible al problema de nuestros residuos pasa por una gestión integral de los mismos. El punto de partida de cualquier gestión integral de los residuos debe ser siempre la prevención. El mejor residuo es el que no se genera. Y en materia de prevención, el PIGRUG (Norma Foral 7/2008) recoge un Programa entero para impulsar la prevención que ha sido considerado modélico a nivel europeo.

    Tras la prevención, vienen necesariamente el reciclaje y el compostaje. Creo que todos estamos de acuerdo en reciclar y compostar lo máximo posible. Pero también el reciclaje tiene sus límites. Hoy en día, en nuestra vida cotidiana, existen multitud de objetos que no son reciclables. E incluso los reciclables tienen sus límites. Por poner dos simples ejemplos: el 40% del plástico que recogemos selectivamente es ‘rechazo’, lo es por su naturaleza, y acaba en el vertedero (cuando no acaba quemado como combustible en alguna cementera); y el papel va perdiendo calidad en cada proceso de reciclado, de modo que llega un momento en el que ya no es reciclable.

    Por tanto, se recoja como se recoja, siempre, una parte de nuestra basura quedará sin poder ser reciclada ni compostada. ¿Qué hacemos con esta basura, con esta fracción resto? En EAJ-PNV, tenemos clara cuál es la respuesta a esta pregunta. Los vertederos siempre son la peor opción desde todos los puntos de vista (ambiental, económico y social). Desde la Unión Europea, se está insistiendo por activa y por pasiva en que los residuos son un recurso y que debemos valorizarlos. Incluso los ‘verdes alemanes’ defienden la valorización energética de la basura que no se puede prevenir, reciclar ni compostar, frente a los vertederos a los que llaman ‘agujeros negros’. Es más, se plantean como objetivo fundamental cerrar los vertederos de Alemania para 2020.

    Llegados a este punto, quiero hacer un pequeño paréntesis para aclarar los supuestos impactos en la salud de las incineradoras. Los avances tecnológicos que se han dado en los últimos años han sido espectaculares de manera que ofrecen las máximas garantías en control de emisiones. Está absolutamente probado que las plantas modernas de valorización energética no suponen riesgo para la salud de las personas. Si no, ¿cómo se explica que existan, desde hace décadas, plantas incineradoras en pleno centro de la mayoría de las ciudades europeas? Estoy totalmente convencida de que los ciudadanos e instituciones europeas no tienen ningún instinto suicida. Muy al contrario, en Europa, este debate está superado y múltiples instituciones públicas sanitarias (empezando por la mismísima Organización Mundial de la Salud) han manifestado claramente la no existencia de evidencia científica alguna de impacto en la salud de las personas de este tipo de plantas, y por consiguiente, han avalado las mismas.

    Tanto es así, que las plantas que obtienen energía de la basura están ubicadas, preferentemente, en el centro de las ciudades, de manera que se aprovecha la electricidad que en ellas se produce y el calor residual de las mismas para dar calefacción a multitud de viviendas. En Europa lo tienen claro y el propio Banco Europeo de Inversiones (BEI) ha manifestado que, siguiendo las directrices y las Directivas europeas, financia plantas incineradoras modernas como la de Zubieta, Manchester, Copenhague, etc… y no financia vertederos.

    ¿Y en Gipuzkoa? Por lo que parece, algunos han descubierto una nueva religión y caminan en dirección contraria a lo que es una gestión integral seria y sostenible de nuestra basura. Empeñarse en ampliar o abrir vertederos es actuar contra el medio ambiente y contradice totalmente la Directiva Marco europea y los objetivos de los países más avanzados.

    Euskadi es un territorio absolutamente dependiente en materia energética. Gastamos miles de millones de euros al año en importar energía. Lejos de promover nuestra soberanía energética, nos permitimos el lujo de enterrar la fracción resto de basura, desperdiciando un recurso energético y provocando afecciones medioambientales. ¿Es razonable? No, no lo es. En la planta de valorización energética de Zubieta, está previsto generar más de 30 megavatios de energía, con los que podríamos satisfacer la electricidad necesaria para decenas de miles de hogares gipuzkoanos, evitando la emisión de 102.700 Tn/año de CO2 a la atmósfera. La energía generada por las plantas de valorización energética mediante incineración se considera renovable. Pero Gipuzkoa va a dejar de recibir en los próximos años más de 60 millones de euros de primas energéticas por generación de energía renovable. El despropósito no es sólo ambiental sino también económico.

    En Gipuzkoa no necesitamos descubrir la rueda. Si queremos una gestión realmente sostenible y ejemplar de nuestras basuras, tan sólo debemos tomar ejemplo de los países que mejor lo hacen, que son los países del norte de Europa: los que más reciclan e incineran, y los que menos vierten en vertederos.

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