• La vuelta de las andanadas

    Hay quienes tienen no solo voz sino también altavoz, de modo que el eco de sus palabras se amplifica en diversos espacios mediáticos. Me refiero a las voces que combaten nuestras ideas nacionales en pro de un nuevo estatus político para Euskadi que vaya soltando amarras del Estado español a través del derecho que le corresponde como pueblo a decidir su futuro colectivo.

    El catedrático Alberto López Basaguren ha publicado un artículo, “¿Vuelta a las andadas?”,en el que tacha de “despropósito político” el acuerdo sobre las bases del nuevo Estatus Político que, democráticamente, han suscrito PNV y EH Bildu, que suman más del 61% de la Cámara. Unas bases con las que estoy de acuerdo en la misma medida en la que discrepo de todo el contenido del mencionado artículo.

    López Basaguren inicia su descalificación de esta manera: “cuando todo indicaba que estaban ausentes las condiciones necesarias para un acuerdo exitoso” la Ponencia ha aprobado las bases. Se me ocurre que, a lo mejor, confiaba en que la discrepancia radical expresada desde el principio por el PSE, disuadiría a su socio de Gobierno de mantener los principios presentados en enero de 2016, o en que EH Bildu se mantendría en sus tradicionales posiciones maximalistas sin posibilidad de acercamiento al PNV. En cualquier caso, da la impresión de que López Basaguren se hubiera sentido bastante aliviado de no haber habido acuerdo. Aunque, por cierto, esa misma frase califica, probablemente de manera involuntaria, de “exitoso” lo logrado, que es lo único  de todo el contenido de su artículo con lo que estoy de acuerdo.

    Y añade:“con el exclusivo respaldo –en todo lo que de verdad importa– del PNV y EH Bildu (EHB)”.Me hizo gracia lo de la sigla, pensé que el autor pretendía, con su uso, apelar al poder de la evocación. Y al definir “de exclusivo” el respaldo obtenido, pretende enfatizar, sin decirlo, la idea de un respaldo escaso y no suficiente. ¿Dónde está, pero, la insuficiencia del respaldo de cuarenta y seis de los setenta y cinco escaños del Parlamento? Hagamos política-ficción: supongamos que las bases hubieran salido de un acuerdo “transversal” a tres: PNV, PSE y Podemos. Entre los tres grupos habrían sumado cuarenta y ocho parlamentarios. ¿Dos escaños habrían marcado la diferencia? O, en realidad, ¿sería el contenido de un acuerdo que no reconociera la nación vasca como sujeto político lo que habría convertido en “inclusivo” el respaldo obtenido?

    En todo caso, no deja de ser inquietante ese “en todo lo que de verdad importa”, porque abandona en la categoría “de lo que no importa tanto” la parte del acuerdo a tres con Podemos, es decir, todas las bases de contenido social. Cuando digo que resulta inquietante no lo digo porque discrepe de la importancia del Preámbulo, del Título I o de la formulación de una nueva relación con el Estado sino porque los “constitucionalistas”, entre los cuales presumo a López Basaguren, lo dicen hasta el hartazgo que la cuestión nacional vasca y su reivindicación es “el raca-raca de siempre” y que “lo que de verdad importa a la gente” es, precisamente, todo lo demás.

    En cuanto al núcleo del Nuevo Estatus propuesto en las bases, López Basaguren considera que “incurre en el error histórico” de  “pretender reformar el autogobierno desde el Estatuto, imponiéndoselo a la Constitución”, valiéndose para ello de los Derechos Históricos de la Adicional 1ª. Considera que pretendemos despojar a la fórmula de salvaguarda de la Disposición Adicional del Estatuto de Gernika –“el Pueblo Vasco no renuncia a los derechos que como tal le hubieran podido corresponder en virtud de su historia”–, “de lo que nos estorba”, es decir, de la obligación de someternos a “lo que establezca el ordenamiento jurídico”. Una interpretación que coincide con una visión política y jurídicamente inmovilista, hecha desde la óptica de quienes, a pesar de usar profusamente la palabra, no nos reconocen más “singularidad” que la que puedan tener otras autonomías.

    En realidad, considero que con la nueva formulación se está ofreciendo al Estado una oportunidad para dar salida a un contencioso político-territorial enquistado. Y se hace, precisamente, en unos tiempos en los que a ese Estado se le abren las costuras mientras pretende acallar las reivindicaciones legítimas “de las otras” naciones que lo conforman, con la aplicación arbitraria, antidemocrática y hasta antijurídica de la represión penal y/o con una oferta de “diálogo” que, hasta el momento, solo ha dado muestras del vacío que contiene.

    Si la oferta de diálogo es sincera y no una mera pose, el Parlamento Vasco está proponiendo una fórmula sobre la que ese diálogo puede discurrir con éxito, porque el significado y la potencialidad de la Disposición Adicional 1ª de la Constitución depende de la voluntad política que se invierta en su interpretación.

    La fuerza de la democracia es la propia democracia, y no el rigorismo en la aplicación del ordenamiento jurídico; rigorismo, por cierto, que, con la excusa de la ley, implica siempre un determinado trasfondo ideológico.

    Ciertamente, a López Basaguren lo que en realidad le molesta es la democracia: “Si no fuera suficiente con el contenido le han añadido ‘la consulta habilitante’ […] Una consulta inadmisible políticamente que atribuye al proponente una ventaja  que, sin ánimo de ofender, habría que calificar de ‘chantajista’: el respaldo del electorado”. La verdad es que sí, que esa calificación resulta ofensiva para cualquier demócrata. ¿Cómo puede pretender el señor López Basaguren que la imposición de una interpretación del ordenamiento jurídico, la suya y no otra, debe tener mayor fuerza que la voluntad democrática de la ciudadanía? ¿Cómo se puede considerar que pedir el aval del pueblo soberano sea hacer chantaje?

    Y todo ello para acabar diciendo: “Envía un mensaje terrorífico a esa mitad de la sociedad vasca que, según muestran de forma tozuda los sondeos de opinión, no se define como ‘nacionalista; y seguramente a una parte de esa mitad que sí se define como tal’. No hay tal mensaje terrorífico sino todo lo contrario: mayor capacidad de autogobierno y derechos sociales. Desde luego, me queda claro que López Basaguren prefiere las encuestas a las consultas democráticas a la ciudadanía, y eso a pesar de que, en realidad, demuestra no creer demasiado en lo que esas encuestas dicen. Porque, de lo contrario, ¿a qué chantaje teme con su “mitad y cuarto” de gente supuestamente “aterrorizada”?

    Lejos de ese “terror” al que alude, creo que el proyecto de Nuevo Estatus que se redacte sobre las bases acordadas puede servir para crear ilusión en una amplia mayoría de la ciudadanía vasca.

    Como bien afirmó Landaburu, los vascos diremos qué y cómo debe ser nuestra casa común y su relación con el Estado español. La democracia obliga, y esa voluntad ha de ser respetada.Y no hay que temer ni a la democracia ni a la ilusión.

     

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