• Por muy grande que sea no tapa sus incoherencias

    La Izquierda Abertzale ha puesto la bandera española en la balconada de la Diputación de Gipuzkoa. Ese ha sido el hecho, a pesar de que en los medios en general, lo que se ha reflejado haya sido que Bildu ha izado una gran ikurriña en la Plaza de Gipuzkoa. Sin embargo, para cualquiera que tenga un mínimo de memoria, “la” noticia no debiera ser la ikurriña de la plaza, sino la española de la balconada.

    Además hemos podido ver en varias ocasiones a Larraitz Ugarte mostrar su disgusto por tener que cumplir con la obligación de una sentencia que imponía que la bandera española fuera trasladada del tejado de la Diputación –lugar en el que, también por imposición de sentencia previa, la puso el anterior gobierno foral del PNV- a la fachada principal. Ambas sentencias venían a decir: o la pones o te inhabilito. 

    No voy a poner en duda la sinceridad de la portavoz de la Diputación Foral cuando ha dicho sentirse compungida por tener que cumplir la sentencia instada por Urquijo. No voy a decir que Bildu ha puesto la bandera española, ni en la Diputación ni en los Ayuntamientos que gobierna, por gusto. No voy a llamar “español” a Bildu por acatar la imposición de un símbolo en contra de la voluntad de quienes conformamos la mayoría en Gipuzkoa.

    Ellos sí lo hicieron. La Izquierda Abertzale lo ha hecho antes, siempre, cuando el PNV ha sido el obligado a cumplir la imposición.

    Si otros fuéramos como ellos -que no lo somos- tendríamos el trabajo hecho. Bastaría con que “adaptáramos” aquellos bertsos que cantaron en la escalinata del Ayuntamiento de Bilbo en 2008, al finalizar una manifestación que convocaron contra una bandera española tan impuesta como ésta. Si fuéramos como ellos -que no lo somos- podríamos haber cantado frente a la Diputación “Ahaldun jaunak ta Bilduk ere /argi utzi duten jarrera/ ta gipuzkoarrok haserre gaude/ hori gatoz esatera./ Berriro ere jokatu dute/ udaletetxeetan antzera/ Madrilera antza begira eta/ herritarren bizkarrera”. “Franco no ha muerto/ se ha reencarnado/ ahora se llama Garitano/ ta ikusten dugu/ zein den Herri hontan/ Bilduren jarrera”. Pero como no somos como ellos, no lo hemos hecho.

    El caso es que, con esta puesta en escena, la Izquierda Abertzale ha pretendido ocultar que ha colocado la española en la balconada de la Diputación; la ha bajado del tejado -el lugar donde la colocó el PNV siendo Markel Olano Diputado General, con no menos dolor que el expresado ahora por Larraitz Ugarte-. Y su maniobra de despiste -asumida por algunos medios- ha consistido en instrumentalizar una gran ikurriña. Pero la ikurriña no es lo suficientemente grande como para tapar su inmensa incoherencia.

    Y el PNV, al igual que no ha querido cantar los bertsos “adaptados”, tampoco se ha prestado a ese juego.

    Hace cuatro años, el Gobierno foral del PNV tuvo que soportar la imposición de la española vía sentencia ejecutiva. Y denunciamos aquella imposición mediante la colocación de una placa con una declaración política que dejaba constancia de que “La bandera española es un símbolo impuesto bajo amenaza…”. Resultó que, también a golpe de sentencia -¡ni siquiera nos queda el derecho a la libertad de expresión!-, Garitano tuvo que retirarla de la fachada foral.

    Teníamos un acuerdo con Bildu para volver a colocar esa misma placa con su mismo contenido en la Plaza de Gipuzkoa. Esa hubiera sido la forma de expresar, no sólo el sentir de la mayoría de los guipuzcoanos con respecto a la imposición de la bandera española, sino también la reivindicación de eso que la propia Constitución de los españoles proclama “derecho fundamental”: la libertad de expresión.

    Pero la Izquierda Abertzale, lejos de respetar los acuerdos políticos alcanzados, ha preferido envolverse en una ikurriña enorme. Ha obviado que izar la ikurriña en la plaza no basta para dejar constancia del mensaje que los guipuzcoanos queremos trasladar a aquellos que se sienten satisfechos -triste satisfacción- cuando ven ondear rojigualdas impuestas bajo amenazas: que no es la nuestra. Y tampoco sirve para tapar la realidad: que ha sido Bildu quien ha colgado la española en el balcón de la Diputación.

    Cuando Markel Olano puso la española en el tejado y la placa en la fachada, la Izquierda Abertzale emitió un comunicado. En aquel comunicado, afirmaba que la declaración institucional recogida en la placa –esa placa que seguimos reivindicando- era “un ejercicio vacío de mera hiprocresía” y lamentaba “la falta de compromiso del PNV”.

    Ellos no acudieron a aquella la cita. Nosotros, sí. Markel Olano, y los miembros de su Gobierno bajaron las escaleras de la Diputación y leyeron “En ocasiones, las enseñas se convierten en símbolos del anhelo de un pueblo. (…) Cabe también que las enseñas no representen los anhelos de un pueblo, sino que sean impuestas por la ley de la fuerza, por la fuerza de la ley. También entonces cumplen su función, pues se convierten en símbolos de la imposición, recordatorios de las carencias de nuestra convivencia…”.

    Entonces, la Izquierda Abertzale no quiso estar. El pasado sábado 26 de abril, sí. De hecho, pudimos ver imágenes de Hasier Arraiz, Rufi Etxeberria y de otros miembros de la ejecutiva de Sortu mientras bajaban las escaleras del Palacio Foral -¿convertido en Palacio de la Revolución?-.

    La hemeroteca, y nuestra memoria, son testigos de la hipocresía de la Izquierda Abertzale. Una hipocresía que, difícilmente, puede tapar la ikurriña de la Plaza de Gipuzkoa, por muchos metros de tela que le pongan.

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