28 aza. ¿DE DÓNDE SALE ESTA GENTE?
Durante décadas nos tuvimos que acostumbrar a los gritos, las coacciones, las amenazas, las contramanifestaciones, las dianas, las caricaturas y el matonismo de una minoría envalentonada. Nos forzaron a acostumbrarnos a lo de “zipayos”, a lo de “zuek faxistak, zarete terroristak”, “PNV hiltzaile” o “PNV lotu txakurrak”.
Podría pensarse que esta violencia de atosigamiento o de bullying político había desaparecido con el fin de ETA –que se escenificó en tres actos: Aiete (2011), desarme (2017) y disolución (2018) –, pero estamos en 2025 y, lamentablemente, no es así.
El verano pasado sufrimos un buen número de incidentes que prueban que este tipo de agresiones siguen existiendo. A veces adoptan formas sutiles e implícitas; y otras se ejercen de modo explícito y descarnado, particularmente, en Gipuzkoa, con casos como Beasain, Hernani, Azpeitia, o Urnieta, por mencionar solo aquellos que han tenido alguna repercusión pública. Muchos otros se quedan en la penumbra del desconocimiento público, como si fuesen algo privado que no afecta a la esfera social.
Si esta intimidación se sostiene en el tiempo es por una de estas dos razones: bien porque hay quien no quiere verlo, bien porque hay quien “normaliza” o relativiza que, en nuestra pequeña sociedad, haya grupos que actúan como matones. O, digámoslo más claro, que actúan como fascistas, aunque se encapuchen de “antifascistas”.
Se habla mucho del fascismo, pero ¿qué es un fascista? Dicho en pocas palabras, es aquel que no respeta el pluralismo. En una definición menos sintética, es alguien que intenta imponer a la mayoría su visión autoritaria y totalitaria por medio de la fuerza, el miedo o la coacción. ¿Y qué son los incidentes ocurridos en las localidades mencionadas? Actos sectarios de imposición por la fuerza, el miedo y la coacción, de una visión dogmática de la vida, el mundo y la política.
Toda esta introducción viene a cuento porque queremos denunciar la inadmisible situación que se está viviendo en Urnieta en los últimos meses; una situación a la que casi nadie ha prestado atención.
El pasado 25 de septiembre, en el marco de las de las fiestas de San Miguel, se celebró un concierto en el que grupos de jóvenes bien determinados profirieron gravísimos insultos sexistas y homófobos, así como manifestaciones ofensivas de odio contra el alcalde, Jorge Segurado, su mujer y su familia. Las agresiones verbales se vertieron a través de la megafonía y desde el público.
Nada de lo ocurrido tuvo eco en ningún informativo de EITB. A diferencia de la cobertura mediática que mereció el ataque al hermano de un referente de EH Bildu – absolutamente condenables ambas situaciones–, ningún medio de los que crean opinión abrió tertulias ni portadas con lo acontecido en los sanmigueles de Urnieta.
El ayuntamiento de Urnieta intentó consensuar una declaración institucional de apoyo al alcalde y su familia, pero EH Bildu se negó a suscribirla. Finalmente, salió adelante, no como declaración, sino como moción, contando solo con los votos a favor de PNV y PSE. A pesar de todo, el clima de coacción y presión alrededor del alcalde permanece latente.
Jorge Segurado es alcalde y Jorge es persona. Por eso, en primer lugar, queremos ofrecerle nuestro apoyo, respaldo, reconocimiento, solidaridad y calor humano en su doble faceta de alcalde y de persona, y, por supuesto, a toda su familia. Queremos reivindicar que Jorge es un buen alcalde y una gran persona. Una persona solidaria, pacifista y dialogante a la que están atosigando y violentado de forma injusta. Una persona entregada al logro de lo mejor para su pueblo, Urnieta.
Ante semejante injusticia, la pregunta que nos hacemos es ¿por qué perviven en nuestra sociedad estos fenómenos de sectarismo, violencia e intolerancia? ¿De dónde sale esta gente? Y tenemos una hipótesis que queremos compartir y que dejamos abierta a la reflexión de quién corresponda.
Estos jóvenes –y no tan jóvenes, de hecho, tampoco el ser “joven” sirve de coartada– son herederos –algunos “oficiales” y otros “disidentes” pero, al fin y al cabo, herederos– de la cultura política de la violencia y la imposición ideológica que, durante décadas, sacralizó la máxima de que “el fin justifica los medios”, el “todo vale” contra el otro.
Estos jóvenes, y no tan jóvenes, son la consecuencia de la actitud acrítica –por no decir legitimadora– que determinados sectores han mantenido históricamente con la violencia “política” de ETA, y que todavía hoy perdura. ¿Si aquella violencia fue legítima porque no lo va a ser esta?, pensarán.
Por eso es tan relevante que EH Bildu, Sortu, o quien sea de ese mundo se deje de acotaciones mentales y eufemismos y diga de una vez por todas que aquella violencia fue ilegítima y que el daño que provocó fue injusto –hasta ahí; no les pedimos que, además, digan que fue un fracaso estratégico para la causa nacional y que les supuso una derrota sin paliativos–.
Por el mismo motivo, es indispensable que EH Bildu se pronuncie, sin ambages ni fintas dialécticas, sobre lo ocurrido en Urnieta y, también, en Beasain, Hernani, Azpeitia, o tantos otros lugares en que los ocurren hechos de esta naturaleza.
Terminamos con un llamamiento a la convivencia y al respeto. Porque no hay manera de convivir civilizada y democráticamente si no es desde el respeto. No puede ser que en nuestros pueblos se siga instigando el odio absurdo por motivación política como si no pasara nada.
El alcalde de Urnieta representa los valores del PNV: el compromiso con el pueblo, el diálogo, la tolerancia y el bien común. Y, en este caso, tristemente, simboliza también el aguante democrático y abertzale de tantos y tantos cargos políticos que han representado a EAJ-PNV, a pesar de la dictadura, de la violencia y de cualquier forma de matonismo fascistoide y chantaje emocional. La política y la lucha por mejorar nuestra sociedad tienen sentido gracias a personas como Jorge Segurado.
EAJ-PNV Gipuzkoa. Gipuzko Buru Batzarra
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