CRÓNICAS DEL INSISTENCIALISMO

Mitxel Lakunza, coordinador general de ELA, en la tradicional rueda de prensa que todos los años recuerda a EH Bildu y a Podemos que no deben caer en la tentación de entrar a negociar los presupuestos del Gobierno Vasco, dijo que “es mejor quedarte en la calle y contarle a la gente tus alternativas y hacer oposición, porque parece que en este país la oposición ha perdido valor, y la oposición vale mucho”. Me sorprendió el alegato, porque mi sensación en las Juntas Generales de Gipuzkoa es que la oposición se emplea a fondo, precisamente, en hacer esa oposición que ELA reivindica.

Vaya por delante que respeto el papel de la oposición: en todo sistema que pretenda ser democrático, la labor de la oposición es necesaria. Nosotros también hemos hecho oposición: se la hicimos al Gobierno de Patxi López, la hicimos cuando Bildu gobernó en Gipuzkoa y la seguimos haciendo en tantos Ayuntamientos. De hecho, tanto Bildu como el PSOE se quejaron entonces por “la dureza” de la oposición del PNV.  Sin embargo, el PNV posibilitó tres de los cuatro presupuestos forales de Martín Garitano, que gobernaba la Diputación en franca minoría. Porque el PNV entiende que, a pesar de las discrepancias, las instituciones necesitan cierta estabilidad para actuar, y porque cree que en la política existe un principio que debe anteponerse a la confrontación partidista: el bien general.

Ese principio que lleva a posibilitar el ejercicio de la oposición compatibilizándolo con hacer el menor daño posible al interés general no es, sin embargo, el que rige entre los partidos que hoy hacen oposición en Euskadi. No por lo menos hasta la fecha. La presentación del proyecto de Presupuesto para el Gobierno Vasco ofrecerá la oportunidad para  que EH Bildu o Podemos se retraten de nuevo ante los vascos.

En Gipuzkoa la cosa es distinta, porque el Gobierno Foral tiene la mayoría necesaria en las Juntas Generales para sacar adelante sus proyectos, de modo que la oposición  no puede torpedearlos. Se limitan a la “reafirmación por contraposición” al PNV y, en última instancia –este es el caso de EH Bildu–, a la “lucha por la hegemonía”. No es que no sea legítimo, es que, demasiadas veces, esa estrategia resulta exagerada. Veamos algunos ejemplos de estos últimos días.

Comparecencia del Diputado Foral de Hacienda, Jabier Larrañaga. La política fiscal, ya se sabe, es pieza angular de los posicionamientos ideológicos de los que van “de turbo izquierda” y, por supuesto, “de la derecha”. Así que, Podemos y EH Bildu acusaron al PNV de hacer una fiscalidad “encaminada a que quienes más tienen paguen cada vez menos” mientras el PP defendió “una bajada de todos los tipos impositivos” siguiendo la estela de la propuesta que presentó Alfonso Alonso hace diez días y que exige una rebaja en la recaudación de 1.000 millones de euros entre las tres Haciendas Forales. Ante esto cabe decir que como en el centro está la virtud, ni tan mal las estridencias de los extremos.

El Diputado de Hacienda defendió un sistema fiscal cuyo objetivo es la disminución de las desigualdades sociales y la incentivación de la actividad económica: crear mejores condiciones para que la economía real genere riqueza social que incremente la recaudación para poder hacer políticas al servicio de la gente. Objetivo que requiere de menos dogmatismo y de más equilibrio. Porque la posición del juntero del PP supondría poner al pairo las políticas sociales de la Diputación, mientras que EH Bildu y Podemos, intentando justificar su relato de que el PNV es “el demonio neoliberal”, se empeñan, con las gafas ideológicas puestas, en distorsionar los datos. Larrañaga, una vez más, les tuvo que afear su mala intención al leer los datos de la recaudación: el incremento de la recaudación no se ha limitado a ese 0,4% que, insistentemente, denunciaban Podemos y EH Bildu queriendo demostrar su tesis sobre la supuesta maldad de nuestro sistema fiscal, sino que el 0,4% es el resultado neto tras realizar las importantes devoluciones en concepto de IVA debido al gran incremento de las exportaciones de las empresas gipuzkoanas –lo cual, objetivamente, es muy bueno– y tras descontar los 30 millones devueltos por los permisos de maternidad y paternidad a raíz de la sentencia del TS. El incremento de la recaudación ha sido del 2,3%. Larrañaga insistió, por enésima vez, en la progresividad del sistema fiscal gipuzkoano –el 25% de los contribuyentes con más ingresos pagan el 70% de la recaudación del IRPF– y aclaró, también por enésima vez, que el Impuesto de Patrimonio, tras las reformas realizadas, recauda tanto como el “revolucionario” impuesto de las Grandes Fortunas que aprobó Bildu cuando gobernó la Diputación.

Esa es, más o menos, la fotografía de la dialéctica “insistencialista”  en la que estamos sumidos en Juntas Generales. A mayor abundamiento, una anécdota. Jabier Larrañaga ofreció un dato para demostrar que las políticas fiscales, sociales y económicas de la Diputación están bien encaminadas al objetivo de hacer de Gipuzkoa el Territorio con  mayor justicia social de Europa: el índice Gini –indicador del nivel de desigualdades– de Gipuzkoa está al mismo nivel que el de Finlandia, y a años luz mejor que el de España. Pues bien, EH Bildu no tuvo mejor ocurrencia que responder que “en un país en el que todos fueran pobres el Gini podría demostrar el nivel de igualdad en la pobreza”, a lo que Larrañaga replicó, con sorna, que Gipuzkoa tiene un PIB per cápita de 35.000 euros. Con tanto dato, me he acordado de aquel gran referente de la IA que hace tiempo que no mencionan, Albania. Resulta que su PIB per cápita es 9 veces menor que el nuestro.

Al día siguiente le tocó otra dosis de “insistencialismo” a la Diputada de Políticas Sociales, Maite Peña, quien presentó la nueva andadura de la Diputación como una “legislatura social”. Peña apuntó que en los últimos años la cobertura de los servicios sociales de la Diputación ha aumentado en un 28%, atendiendo a más de 29.000 gipuzkoanos. Alertó de las previsiones demográficas que apuntan a un incremento de 6.000 personas con dependencia en 10 años e insistió en un mensaje que debemos ir interiorizando: la necesidad de reflexionar e innovar para garantizar la sostenibilidad de nuestras políticas sociales, porque no podemos hipotecar a las generaciones futuras. Pues bien, tanto EH Bildu como Podemos y el PP fueron ciertamente pertinaces en un tema concreto: la huelga de las residencias, dramatizando la supuesta “insuficiencia” de los ratios del servicio que se presta. Supongo que Lakunza, el de ELA, se sentiría orgulloso de sus discursos de “oposición”. Peña respondió con un dato que les resultó “sorprendente”: un reciente informe de evaluación de los servicios que se prestan en las residencias en todo el Estado solo exonera de la obligación de mejorarlos a Gipuzkoa. Los ratios de las residencias gipuzkoanas son bastante mejores que todos los del resto del Estado. También mejores que los de Bizkaia, y eso a pesar de que ELA celebró con cava el fin de la huelga que mantuvo hace un par de años allí. Pero es igual, ELA mantendrá la huelga en Gipuzkoa sin haberse sentado nunca en la Mesa de Negociación con su patronal, que no es la Diputación, y la oposición intentará, machaconamente, que la realidad no les estropee el relato.

El objetivo del PNV en las instituciones que gobierna es lograr la sociedad más próspera y equilibrada posible, porque ese es un objetivo inexcusable para un proyecto abertzale. Cuando España ingresó en la UE su PIB estaba al 68% de la media, y tras haber recibido 168.000 millones de euros en Fondos Estructurales, ahora está en el 92%. Euskadi ha recibido 3.845 millones y ha pasado de tener el 86% de entonces al actual 121% del PIB medio de la UE en paridad de compra, Alemania está en el 123, Suecia en el 122, Finlandia en el 109. Estamos comparándonos con Estados, y se me ocurre que, con estos datos, nosotros debiéramos serlo.

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